Massimo Cacciari se pregunta por el destino de la burguesía que ha fue castigada tanto como la clase obrera.
Eh, señora mía, no existe más la buena burguesía de otras épocas! Hasta hace unas pocas décadas, junto con la trabajadora, era la clase de la que más se hablaba, casi siempre para decir pestes de ella. Hoy prácticamente ha desaparecido del discurso público. Se la evoca en los tonos insoportables de la nostalgia y del qué bueno era todo. ¿Pero dónde terminó la burguesía? ¿La liquidaron? ¿Renunció ella sola? ¿Se reencarnó en alguna otra cosa? ¿Se volvió invisible a fuerza de omnipresencia? Y además, ¿quién era el verdadero burgués? ¿El industrial? ¿El hombre de Estado? ¿El maxifuncionario? ¿O quizá el gran intelectual atento a la praxis? ¿Era el empresario responsable o el fanfarrón ostentoso con la amante en bikini sobre su lancha? El filósofo Massimo Cacciari está entre quienes mejor han rastreado la metamorfosis de la burguesía. Y desde hace largo tiempo. Desde los años en que en las calles se gritaba “¡Burguesía asesina!”. “Es verdad, en el léxico de la izquierda europea y del movimiento obrero el burgués no era otro que el empresario capitalista. Pero de ningún modo la idea de burguesía se puede reducir a eso”.




